Acompañamiento
Qué es el acompañamiento al final de la vida
Estar con alguien que se está muriendo, y con quienes le quieren, atendiendo a lo que no cura la medicina: el miedo, la tristeza, lo que quedó sin decir, el sentido de lo vivido.
No sustituye a los cuidados paliativos ni a los tratamientos: va con ellos. Se puede acompañar desde muchos sitios —la psicología, el trabajo social, el voluntariado, lo espiritual— y nosotras lo hacemos desde lamusicoterapia y la psicoterapia. La música tiene una ventaja rara en esos días: llega cuando las palabras ya no llegan, y no exige nada a cambio.
En qué se diferencia de los cuidados paliativos
Los cuidados paliativos son atención sanitaria: los da un equipo médico y de enfermería, y se ocupan sobre todo de controlar el dolor y los demás síntomas para que la persona esté lo más cómoda posible. Son un derecho y los presta el sistema público de salud.
El acompañamiento es lo que rodea a eso: lo emocional, lo relacional y lo espiritual, de la persona enferma y de su familia. Lo habitual es que las dos cosas convivan, y cuanto mejor se coordinan, mejor va todo.
Qué pasa en una sesión
No hay dos iguales, pero se parecen en esto:
- Antes. Hablamos con la familia y, cuando es posible, con el equipo sanitario: cómo está la persona, qué música ha sido importante en su vida, qué preocupa más ahora.
- Al entrar. Se pregunta y se pide permiso, siempre. Si ese día no es el día, no es el día.
- Durante. Puede haber música en vivo —guitarra, arpa, voz, cuencos—, canciones de su vida, silencio, o conversación. Se sigue a la persona, no a un guion.
- Después. Nos quedamos un rato con la familia. Muchas veces es ahí donde hace más falta.
Suele durar entre cuarenta minutos y una hora, en la habitación del hospital o en casa.
Para qué sirve
No promete una buena muerte, porque eso no se puede prometer. Sí se ve, una y otra vez, que ayuda a:
- bajar la agitación y la sensación de ahogo emocional en momentos malos;
- abrir conversaciones que llevaban meses atascadas;
- que la familia tenga un recuerdo distinto de esos días, y no solo el del hospital;
- que quien cuida descanse una hora sin dejar de estar presente.
Cuándo pedirlo
Cuanto antes, mejor. Se puede acompañar desde el diagnóstico de una enfermedad avanzada, no solo en los últimos días: hay más tiempo para conocerse y para trabajar lo que cada uno necesita. Pero también se puede entrar en la última semana, y merece la pena.
Preguntas frecuentes
¿Hay que ser creyente?
No. Se acompaña a personas creyentes y no creyentes, y se respeta lo que cada una traiga.
¿Hay que saber de música o cantar?
Tampoco. Nadie tiene que hacer nada.
¿Puede molestar a la persona enferma?
Se entra pidiendo permiso y se sale en cuanto no apetece. La persona manda, siempre.
¿Se puede hacer si está sedada o no responde?
Sí. El oído es de los últimos sentidos en marcharse, y la presencia sosiega también a quien está al lado.
¿Lo cubre la sanidad pública?
El programa Música para la Salud es gratuito para las familias en los centros donde está implantado. Fuera de ahí, se acuerda con la familia o con la entidad.

